El prólogo de Manuel Vilas sobre El hombre de las suelas de viento El prólogo de Manuel Vilas sobre El hombre de las suelas de viento
El poeta asturiano David González (San Andrés de los Tacones, 1964) ha publicado recientemente un libro titulado “El hombre de las suelas de viento”,... El prólogo de Manuel Vilas sobre El hombre de las suelas de viento

El poeta asturiano David González (San Andrés de los Tacones, 1964) ha publicado recientemente un libro titulado “El hombre de las suelas de viento”, con prólogo de José Viñals[1]. Es un libro de poemas que aborda los últimos años de otro poeta, nada menos que el celebérrimo Arthur Rimbaud; en concreto, los años de 1879 a 1891.

Lo que ha hecho David González al escribir este homenaje a Rimbaud es verdaderamente único: se trata de un acto de posesión y comunión. Ha querido el poeta asturiano, a partir de las 84 cartas que desde África escribió el poeta francés a su familia, crear un libro de poemas en el que Rimbaud vuelve a la vida, y nos habla de su sufrimiento, de su enfermedad, de la amputación de su pierna, de su explotación laboral, de su soledad en África, de la ruindad de su trabajo, de su fracaso y de su angustia.

El tema del libro de González es la angustia y el sufrimiento. A mí me parecen dos temas importantes, orillados en la última poesía española, pero que forman parte de la historia de la poesía desde siempre y que en el verso de González regresan con audacia formal y con autenticidad emocional. También aparece en esta visión rimbaldiana de González la desesperación, porque Rimbaud fue un hombre que navegó en esa nave frágil de los desesperados. David González se ha acercado al dolor rimbaldiano, no a su leyenda, ni a su malditismo ya tópico. No ha elegido la postura del Rimbaud desafiante, del Rimbaud niño terrible que brilló al lado de Paul Verlaine en el París literario con golfa petulancia. Ha elegido al hombre aterrado en África, ha elegido al Rimbaud crepuscular, alejado de la poesía, alejado de cualquier vanidad, ha elegido al Rimbaud cuya única soberbia es sobrevivir y no sufrir ya más.

Por eso el libro de David González es especial, distinto, e importante. Incluso desde el punto de vista de la técnica literaria, ese estado de médium desde el que ha trabajado González resulta ya de por sí interesantísimo y justificaría la relevancia de este “El hombre de las suelas de viento”. A mí me ha emocionado la compasión con que el asturiano ha dado la mano al poeta francés. David González y Rimbaud han hecho un viaje juntos, y sus almas se han fundido en una nueva forma de solidaridad humana, y de esperanza en la adversidad.

Manuel Vilas[2].

[1] Hace referencia a este mismo libro, pero en su 1ª edición en la Editorial Germanía, 2003.

[2] VILAS, Manuel, González ante Rimbaud, ABC, Número 32.129, 19 de noviembre de 2003.

ArmaPoetica

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